Cómo funciona
Lo que pasa entre una tarea y una recompensa.
Reward Study es un solo ciclo. Tú pones las tareas y dices cuánto valen, tu hijo las hace y las marca como hechas, tú apruebas, y los créditos se mueven con el motivo escrito al lado. Esta página recorre ese ciclo en las pantallas que vas a ver de verdad.
Empiezas por decir qué es lo que más cuesta.
La app arranca preguntándote a qué te enfrentas de verdad en casa. Los deberes, las tardes que acaban con "¿has preparado la mochila?", las tareas de casa que solo se hacen a base de recordatorios, el "¿me lo compras?" en cada tienda, o simplemente querer ver qué se ha hecho.
Elijas lo que elijas, la configuración se monta sola a partir de ahí. Te encuentras un primer grupo de tareas que encaja con tu respuesta, en vez de una app vacía y un formulario en blanco.

Cada tarea lleva un precio.
Elige de un catálogo de unas cien tareas, ordenadas por franja de edad y por tipo: lectura, tareas de casa, deberes, mates, hábitos. O escribe las tuyas en unos segundos.
Una tarea dice cuánto vale en créditos y cada cuánto se repite. Ese número es todo el trato. Una vez escrito, se acabó la discusión sobre si ordenar la habitación cuenta, porque ahí pone justo cuánto cuenta.

Tu hijo solo ve su lado.
Pásale tu teléfono, o configura su propio dispositivo. En ambos casos la app pasa a un modo que muestra a un solo hijo sus tareas, su saldo y su tienda, y nada más. Sin ajustes, sin los demás hijos, sin ninguna forma de darse créditos a sí mismo.
El PIN parental, Face ID o Touch ID te devuelve el control. En su propio dispositivo, la app se queda en ese modo.

Nada cuenta hasta que lo apruebas.
Cuando tu hijo marca una tarea como hecha, no se paga sola. Entra en una cola y te espera. La apruebas con un toque, o la devuelves si la habitación no está ordenada de verdad, cosa que al niño no le cuesta nada y solo dice que el trabajo aún no está terminado.
Ese único paso es lo que hace creíble el saldo para las dos partes. Un número que nadie puede inflar a escondidas es un número que un niño discute mucho menos.
Al aprobar, puedes elegir una palabra de elogio para acompañarlo. Tu hijo la lee en su propio idioma, junto a los créditos. La investigación que hay detrás está en la página de inicio.

Los créditos llegan, y el motivo llega con ellos.
Cada movimiento es una línea de un historial abierto para los dos: ganado, regalado como bono, quitado o gastado. Cada línea registra cuál de los cuatro fue, quién lo hizo y cuándo.
Nada se edita a escondidas y nada se le oculta al niño. Si tres semanas después hay dudas sobre un saldo, lo miras en la lista en vez de tirar de memoria. El historial entero se exporta como archivo CSV cuando lo quieras fuera de la app.

Los gasta en la tienda.
Las recompensas las escribes tú: una hora de pantalla, una tarde de piscina, un libro nuevo, un juguete que lleva pidiendo desde la primavera. Cada una cuesta los créditos que tú decidas.
El "¿me lo compras?" se convierte en un precio y un plan. Tu hijo ve lo lejos que queda, y ahorrar para lo caro pasa a ser idea suya en vez de una negativa tuya.

Las rachas y los niveles lo mantienen vivo más allá de la segunda semana.
Las tareas diarias encadenan una racha, los créditos ganados suben de nivel, y las insignias llegan por lo que merece la pena marcar. Van al ritmo de semanas y meses, no de minutos, porque la idea es un hábito y no una máquina tragaperras.
Nada de eso es una segunda moneda. Los créditos siguen siendo lo único que compra algo.

Mates
Práctica que paga como cualquier otra tarea.
La app genera práctica de mates para la franja de edad que elijas, y en los dispositivos compatibles con Apple Intelligence redacta los problemas en el propio dispositivo, usando la propia recompensa del niño como tema del problema.
No se envía nada a ningún sitio para crearlos. Una serie correcta paga créditos como cualquier otra tarea, así que veinte minutos de mates están en la misma lista que vaciar el lavavajillas, al precio acordado entre los dos.

En el televisor
El marcador que ve toda la sala.
La app de Apple TV muestra el saldo de cada hijo y cómo va el día, de un vistazo desde el sofá. Son los mismos datos del hogar, que llegan por tu propio iCloud.
Es de solo lectura, a propósito. El televisor no puede aprobar nada, porque un mando en manos de un niño no debe dar por buenas las tareas de ese niño.
El lado de los padres
Cuatro pantallas, y esa es toda la app.
El panel para ver cómo va cada hijo, la lista de tareas para ver qué hay puesto, la cola de aprobaciones para lo que está esperando, y los ajustes para todo lo demás. Nada queda escondido, y cada pantalla es igual en un teléfono y en un iPad.




Panel, tareas, aprobaciones y ajustes, vistos desde arriba.
Lo demás
Cuatro cosas que la gente pregunta antes de empezar.
Dónde viven nuestros datos
En el iCloud de tu propia familia. No hay cuenta que crear ni servidor nuestro que guarde nada, y por eso la ficha del App Store pone "No se recopilan datos".
Cómo se une el otro padre
Por invitación, gratis, desde los ajustes. Tiene el mismo hogar en su propio dispositivo. El dispositivo de un hijo se une igual.
Y si hay dos casas
Los padres separados llevan cada uno su propio hogar y el hijo tiene un sitio en los dos, sin que nada cruce entre ellos. La página para padres separados explica ese montaje.
Cuánto cuesta
14 días gratis, luego $39.99 al año o $2.99 a la semana para toda la familia. The price in full.